
Los pintores
Fidel Trias Pagès
(Sabadell, 18 de noviembre de 1918 - 27 de enero de 1971)
En el pintor sabadellense Fidel Trias Pagès tenemos el ejemplo indiscutible de un hombre que dedicó toda su vida al arte, de una manera apasionada y autoexigente. Su vocación artística se manifiesta muy pronto: realiza su primera exposición en 1942.
La Guerra Civil le obliga a interrumpir durante unos años una carrera que ya empezaba a dar frutos bastante maduros como para anunciar una solidez, un rigor y un oficio que se irían consolidando hasta su muerte, tristemente prematura.
Aquella primera exposición, celebrada en la Acadèmia de Belles Arts de Sabadell, fue también el inicio de una estrecha vinculación con esta entidad, de la que se convirtió en uno de sus miembros más activos en épocas especialmente críticas para la supervivencia de la institución.
Al principio, su pintura se compone básicamente de retratos, motivos florales, paisajes y bodegones, unos temas que recuperará en los últimos años de su vida.
El año 1952 marca la incorporación en su obra de la temática religiosa, que irá adquiriendo protagonismo hasta constituir el grueso principal, y quedará plasmada en una serie de obras murales, que se inicia en la capilla del Santísimo Sacramento de Sant Feliu del Racó y tiene su punto álgido en el conjunto de la iglesia sabadellense de sant Oleguer.
La concepción que Fidel Trias tenía del arte mural puede quedar brevemente ilustrada por sus propias palabras:
«Una pintura mural debe ceñirse a la forma del fragmento de recinto que recubre. El plano de un muro, el accidente de una ventana, la curva de un arco, la concavidad de una bóveda... Debe estar estructurada dentro de unos ritmos de arquitectura [...], renunciando a las ilusiones de la perspectiva y respetando el plano de la pared.
Pero todo esto no es nada, es tan sólo empezar, plantear. El acierto, el momento feliz, se da -si se da- después, gratuitamente, muy de vez en cuando y en medio de horas de trabajo.»
En el pintor sabadellense Fidel Trias Pagès tenemos el ejemplo indiscutible de un hombre que dedicó toda su vida al arte, de una manera apasionada y autoexigente. Su vocación artística se manifiesta muy pronto: realiza su primera exposición en 1942.
La Guerra Civil le obliga a interrumpir durante unos años una carrera que ya empezaba a dar frutos bastante maduros como para anunciar una solidez, un rigor y un oficio que se irían consolidando hasta su muerte, tristemente prematura.
Aquella primera exposición, celebrada en la Acadèmia de Belles Arts de Sabadell, fue también el inicio de una estrecha vinculación con esta entidad, de la que se convirtió en uno de sus miembros más activos en épocas especialmente críticas para la supervivencia de la institución.
Al principio, su pintura se compone básicamente de retratos, motivos florales, paisajes y bodegones, unos temas que recuperará en los últimos años de su vida.
El año 1952 marca la incorporación en su obra de la temática religiosa, que irá adquiriendo protagonismo hasta constituir el grueso principal, y quedará plasmada en una serie de obras murales, que se inicia en la capilla del Santísimo Sacramento de Sant Feliu del Racó y tiene su punto álgido en el conjunto de la iglesia sabadellense de sant Oleguer.
La concepción que Fidel Trias tenía del arte mural puede quedar brevemente ilustrada por sus propias palabras:
«Una pintura mural debe ceñirse a la forma del fragmento de recinto que recubre. El plano de un muro, el accidente de una ventana, la curva de un arco, la concavidad de una bóveda... Debe estar estructurada dentro de unos ritmos de arquitectura [...], renunciando a las ilusiones de la perspectiva y respetando el plano de la pared.
Pero todo esto no es nada, es tan sólo empezar, plantear. El acierto, el momento feliz, se da -si se da- después, gratuitamente, muy de vez en cuando y en medio de horas de trabajo.»
Raimon Roca Ricart
(Vic,1917- Castellar del Vallès, 2013)
Estudió en la Escuela Industrial de Artes y Oficios de Sabadell –donde tuvo la oportunidad de conocer algunos maestros como Antoni Vila Arrufat o Joan Vilatobà– y en la Escuela Superior de Bellas Artes de Sant Jordi de Barcelona. A pesar de esto, es considerado un pintor eminentemente autodidacta, equidistante a los diferentes movimientos artísticos de los años cincuenta y sesenta.
De entre las exposiciones realizadas a nivel individual (en Castellar, Sabadell, Barcelona, Bilbao...) se destacan mucho los paisajes, retratos y figuras, que siguen una tendencia pictórica que se podría calificar como postimpresionista. Paralelamente, participó en varias exposiciones colectivas por todo el país.
Durante los años 50 y 60, Raimon Roca también se dedicó intensamente a la pintura mural, especialmente en la decoración de edificios religiosos. Así, destacan, entre otros, los siguientes trabajos: en la Iglesia de Sant Pere de Begur (temple de huevo sobre estuco), donde también destaca el diseño de vitrales; en el altar mayor de la Iglesia de Calella de Palafrugell (acrílico); en el altar mayor y la capilla del Santísimo de la iglesia de la Santísima Trinidad de Sabadell (látex-acrílico); en el altar de la Capilla del Albergue Infantil de Matadepera (aceite y cera), donde también llevó a cabo los vitrales; en la capilla del Palacio de Hevia, en Asturias (acrílico).
En el año 2002, el consistorio castellarense galardonó a Raimon Roca con la Medalla de la Vila, una distinción que recibió junto con los pintores Antoni Costa, Joan Torcido y Lluís Valls Areny. Desde 2010, Raimon Roca da nombre a una de las salas del equipamiento del Mirador, que se bautizaron con nombres de pintores castellarenses en reconocimiento a su trayectoria artística.
Estudió en la Escuela Industrial de Artes y Oficios de Sabadell –donde tuvo la oportunidad de conocer algunos maestros como Antoni Vila Arrufat o Joan Vilatobà– y en la Escuela Superior de Bellas Artes de Sant Jordi de Barcelona. A pesar de esto, es considerado un pintor eminentemente autodidacta, equidistante a los diferentes movimientos artísticos de los años cincuenta y sesenta.
De entre las exposiciones realizadas a nivel individual (en Castellar, Sabadell, Barcelona, Bilbao...) se destacan mucho los paisajes, retratos y figuras, que siguen una tendencia pictórica que se podría calificar como postimpresionista. Paralelamente, participó en varias exposiciones colectivas por todo el país.
Durante los años 50 y 60, Raimon Roca también se dedicó intensamente a la pintura mural, especialmente en la decoración de edificios religiosos. Así, destacan, entre otros, los siguientes trabajos: en la Iglesia de Sant Pere de Begur (temple de huevo sobre estuco), donde también destaca el diseño de vitrales; en el altar mayor de la Iglesia de Calella de Palafrugell (acrílico); en el altar mayor y la capilla del Santísimo de la iglesia de la Santísima Trinidad de Sabadell (látex-acrílico); en el altar de la Capilla del Albergue Infantil de Matadepera (aceite y cera), donde también llevó a cabo los vitrales; en la capilla del Palacio de Hevia, en Asturias (acrílico).
En el año 2002, el consistorio castellarense galardonó a Raimon Roca con la Medalla de la Vila, una distinción que recibió junto con los pintores Antoni Costa, Joan Torcido y Lluís Valls Areny. Desde 2010, Raimon Roca da nombre a una de las salas del equipamiento del Mirador, que se bautizaron con nombres de pintores castellarenses en reconocimiento a su trayectoria artística.
