

María recibe
una buena noticia
María tarareaba una cancioncilla mientras barría y limpiaba su casa de Nazaret. Era muy feliz.
Estaba pensando en el día de su boda. María iba a casarse con José.
—¡Qué bueno es José! —pensaba—. Y cuántas cosas sabe hacer.
José construía puertas, mesas y sillas. Era carpintero.
María estaba tan ocupada en sus pensamientos que se sobresaltó al oir aquella voz.
Se giró para mirar…
Y sus ojos se agrandaron por la sorpresa. Allí, junto a la puerta, de pie, ¡había un ángel rodeado de luz!
María sabía algunas cosas sobre los ángeles: Dios los enviaba cuando tenía algo especial que decir. Pero ella no esperaba ver nunca a ninguno.
El ángel Gabriel se quedó allí de pie un momento. No quería asustarla.
—Te traigo buenas noticias, María —le dijo el ángel suavemente—. Dios tiene un plan maravilloso para ti. Vas a tener un niño, un niño muy particular. Se llamará Jesús y será el Rey prometido por Dios. El mismo Dios será su padre.
—Pero…, no lo entiendo… —dijo María. —Dios se ocupará de todo —le contestó el ángel—. Nada es demasiado difícil para Él. —Todos pensaban —continuó el ángel- que tu prima Isabel no tendría nunca un hijo. Sin embargo, lo tendrá muy pronto. Su hijo es también parte del plan de Dios.
María abrió mucho los ojos a causa de la sorpresa.
—Seré feliz haciendo lo que Dios quiera —dijo suavemente.
Y entonces, tan rápido como había venido, el ángel Gabriel se marchó. María se frotó los ojos. ¿Había estado hablando realmente con un ángel?
